Pececito
-Lo dejamos. Me dejó, me mandó a la mierda. Se llevó todas sus cosas, como si los reyes magos en vez de traer rollos se los llevaran ¿sabes?. Libros, cds, mi manta favorita... Todo. La hija de puta me destrozó el corazón. Ah... -suelta una risotada- y esto es lo mejor; a la semana me llamó para que le devolviera nuestro pez. Un pez que compramos a medias cuando empezamos a salir. Un pez precioso y que seguro que yo le caia mejor que ella, pues yo nunca levanté la voz y era el que más tiempo pasaba con la nariz pegada a su cristal, diciendole tonterias y escuchando sus burbujitas... me caía bien ese cabron pez.
-Joder, ¿y se lo diste?
- Claro que sí. Metí el pececito en una bolsa de plástico, como cuando te lo ganas en una feria o lo compras en una pajareria chunga, y fui a su casa.
- Te lo deberías haber quedado, que se joda.
- Espera, espera. Cuando llegué allí ¿sabes lo que hice? Pues dije: aguanta amiguito y me bebí toda la puta bolsa de agua, con el pececito y todo. Me jodió pero me tragué al fiel testigo silencioso de mi noviazgo calvario.
- Hostia, ¡que hediondo!
- Toqué, abrió la puerta y se lo devolví. ¡SE LO DEVOLVí! - suelta una gran carcajada- Me dió pena por el pez, porque le tenía cariño y era cojonudo, pero que se joda esa maldita maniaca, me tenía harto.
- Pobre pez. Eres un cabrón y un enfermo. -bebe de su cerveza-
- El pez sobrevivió. Ella tuvo cojones de salvar el pez que chapoteaba en mi pota, pero no tuvo cojones para salvar otras cosas...hay que joderse. Hija de puta, perra, hija de puta. -acaba su vaso de vino- Que se joda, que se jodan todas.

